Un niño en edad preescolar es maravillosamente imaginativo, conversador y divertido. Por otro lado, también se frustra con facilidad, suele ser testarudo y empeñarse en desafiar los límites que marcan sus padres. Los niños de esta edad suelen preocuparse por sentirse los causantes de la enfermedad de sus padres. Estas ideas equivocadas son el resultado de combinar la lógica asociativa, el egocentrismo, y mezclar fantasía y realidad. Los niños en edad preescolar necesitan el apoyo de sus padres y oportunidades de juego imaginativo para gestionar sus preocupaciones.
La lógica asociativa es la creencia de que cosas aisladas pueden explicarse entre sí. Por ejemplo: "Mi hermano quiere un perro porque es un niño". Aunque sea cierto que el hermano quiera un perro, no es porque sea un niño. El pensamiento de un preescolar es egocéntrico. Significa que el niño sólo puede ver las cosas desde su propia perspectiva.
Un ejemplo tangible de esta perspectiva egocéntrica es que si su hijo de tres años está mirando un dibujo en un libro, asume que usted puede ver lo que él ve en esa página, aunque esté mirando hacia otro lugar. Un ejemplo emocional de este punto de vista es que si una llamada telefónica importante interrumpe el juego con su hijo de edad preescolar, él puede quejarse de que usted está siendo malo con él. Él sólo puede entender su comportamiento en relación con él, no como algo independiente de él ni de su experiencia.
Los niños de esta edad tienen una imaginación muy vívida. Entrelazan los hechos y la imaginación para construir historias personales que suelen denominarse "pensamiento mágico", en las que ellos mismos son la causa de lo que ocurre a su alrededor. Por eso, cuando un padre está enfermo, los niños de esta edad suelen pensar que ellos han causado la enfermedad, aunque no haya una lógica madura que justifique esta creencia.
Todo tipo de juego, pero especialmente el juego imaginativo, es importante para lograr un desarrollo saludable. Tener oportunidades en el preescolar y en casa para participar en este tipo de juego, le permitirá a su hijo trabajar en los retos emocionales típicos de su edad.
Uno de estos retos normales es el deseo de ser poderoso y estar a cargo de diferentes situaciones. No es de extrañar que un niño de esta edad le diga: "Tú no eres mi jefe" al adulto que establece las reglas. Esta es una de las tantas formas comunes en que un niño pequeño desafía los límites para ver si esos límites son constantes. Piense en lo constante que es el mundo físico. Cada vez que un niño deja caer algo, se cae, no se levanta. Las interacciones con las personas son mucho más variadas. A veces su hijo puede quedarse hasta más tarde en el parque y a veces no. A veces puede tomar un helado antes de la cena y a veces no está permitido.
Los niños pequeños son como científicos que prueban lo que es posible con sus queridos adultos. Cuando las normas cambian constantemente, los límites se prueban mucho más. Cuando las normas son más constantes y se le explica por qué se produce un cambio ocasional en las reglas, es más probable que su hijo siga las normas con menos resistencia.
Tenga en cuenta que los niños con temperamento intenso protestarán más fuerte y durante más tiempo que los de temperamento más flexible. Cuando se enfrente a un niño molesto, recuerde que la sensación de seguridad y confianza en sí mismo de su hijo provienen de enfrentarse a las variadas frustraciones y pequeños obstáculos de la vida, y de aprender que al final se puede disfrutar o, al menos, gestionar una buena segunda opción. Estos pequeños retos experimentados en un entorno de afecto construyen la capacidad de su hijo para enfrentarse a mayores retos a lo largo de la vida.